viernes, 4 de diciembre de 2009

El aprendizaje y el rol del maestro

Ineke Cunningham, en su estudio “Modernity and Academic Performance: A study of Students in a Puerto Rican High School” (1972) citado por Acosta (2009), enfatiza que el aprendizaje es probablemente la actividad más importante en la cual un individuo puede participar como preparación para la modernización. La educación es necesaria para desarrollar las destrezas requeridas para ocupar las nuevas ocupaciones que crea la industrialización y globalización. En el mismo estudio se revela que existe una estrecha relación entre la modernidad y la ejecución académica de los pares, estudiantes y sus padres.

La mayor parte del éxito en el aprendizaje de los educandos descansa en los hombros del maestro; de su preparación académica y profesional, de su sensibilidad para percibir lo que ocurre en su alrededor y de sus técnicas para enseñar (Arnaldi, 1985). El maestro debe ser el facilitador de las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes, debe guiar al alumno al auto aprendizaje, hacer que profundice en sus conocimientos y descubrir la relevancia que éstos tienen. En ese rol, el maestro ayuda al estudiante a asumir un rol comprometido con su propio proceso, facilita aprender a aprender, contribuye al aprendizaje colaborativo y motiva al estudiante a poner en práctica sus ideas, provocando una reflexión a través de discusiones y debates, animándole en sus exploraciones y proyectos (Departamento de Educación, 2003).

Freire sugirió los siguientes principios éticos que todo maestro o maestra debe adoptar para enseñar:
1. Respeto por el conocimiento de nuestros estudiantes.
2. Una estética y una ética
3. Mostrar con el ejemplo
4. Respeto por la autonomía del estudiante
5. Buen juicio crítico
6. Curiosidad
7. Auto-confianza, competencia profesional y generosidad
8. Libertad y autoridad
9. Saber cómo escuchar
10. Amar a nuestros estudiantes (Ortiz, 2006)

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