En el Siglo XXI, la fusión de las tecnologías de computación y de transmisión de datos e imágenes ha revolucionado la cultura de trabajo en la producción y el comercio, así como la interacción social entre las personas, de manera insospechosa. La educación, en todos sus niveles, ha sido sacudida por estos procesos, particularmente por el establecimiento de la autopista de comunicación e información que es la Internet, por lo que necesita trazarse una ruta de transformación que le permita estar al día con los veloces cambios que están ocurriendo y aprovechar las nuevas oportunidades para mejorar su oferta y aumentar su alcance (Ostolaza, 2001).
Sin embargo, hay que tener cautela, pues las instituciones educativas están llamadas a ejercer un triple papel: contribuir a la generación de nuevos conocimientos en el campo de la información; deben servir de lugar de reflexión y debate sobre el impacto de estas tecnologías en la sociedad en su conjunto; y deberán incorporar ellas mismas nuevos avances tecnológicos para renovarse curricular y administrativamente, a fin de encarar los desafíos que la nueva sociedad generada por esta revolución le está planteando, tarea también que debe realizarse con suma prudencia (Ostolaza, 2001).
Los medios de comunicación como la radio y la televisión son graves problemas que tenemos en la actualidad porque muchos de sus programas son importados de países con culturas muy diferentes a la nuestra y esto causa mayor confusión en el niño. Los modelos que reciben los niños a través de la pantalla chica tienden a confundir sus valores y su aprendizaje previo. Los medios de comunicación deben ser vehículos de orientación y de formación cultural para nuestro pueblo. La realidad, sin embargo, es que, a pesar de estos adelantos tecnológicos, en nuestro escenario puertorriqueño prevalece un ambiente de descomunicación que debe llamarnos a la reflexión.
viernes, 4 de diciembre de 2009
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