viernes, 4 de diciembre de 2009

La Comunidad

La comunidad se compone de los habitantes de un país dispersos en los campos, las montañas y los barrios y aglomerados en los pueblos y ciudades. Una comunidad o un pueblo tiene mores, tradiciones, costumbres, folklore y un idioma que la distingue.

Los mores son las creencias sociales de contenido moral en una comunidad, modeladoras de la esencia de su carácter. Se conservan por siglos y son el sostén de los estilos de vida de un pueblo cuyos orígenes no son fáciles de explicar. Por ejemplo: los hombres en Puerto Rico no se besan en la boca como en Rusia y países eslavos de Europa, no hay país más hospitalario que Puerto Rico y, por último, nadie más que los puertorriqueños decimos ¡ay bendito! (López, 2006).

Las tradiciones son usos y costumbres de un pueblo que se transmiten con pocos cambios de generación en generación. Se distinguen de los mores porque no tienen necesariamente connotación moral. Muchas tradiciones puertorriqueñas vienen de las enseñanzas y fiestas de la Iglesia Católica que tanta influencia ha tenido en el desenvolvimiento de nuestro pueblo, otras nacen de las características que nos distinguen. Las costumbres desaparecen cuando se incorporan a nuestra comunidad. Algunas de estas son las siestas y el guardar luto. Nuestras comidas se sazonan con recao, cilantro, ajíes dulces, pimientos, salsa de tomate, achiote, ajo, cebolla y otras yerbas que le dan un sabor vivo sin ser picante. El “fast food” cuadra con el horario corrido de la escuela y oficinas se ha entremetido en la cocina. El carácter alegre del puertorriqueño se manifiesta con las fiestas patronales, celebradas en honor al aniversario del santo de cada pueblo. Otra celebración que hacemos por todo lo alto son las Navidades. Elementos típicos de estas son los aguinaldos, la música típica y las comidas (López, 2006).

Se llama folclore a la expresión artística del alma de un pueblo. Tenemos un rico y alegre folclore en artesanías y música. Nuestra música folclórica se toca con instrumentos tales como el cuatro puertorriqueño, el güiro, el pandero o pandereta y la guitarra. La plena y la bomba son de nuestra tierra y se comercializan en discos compactos, mezclados con otros ritmos del Caribe. La danza es una pieza bailable que se introdujo en el siglo XIX en fiestas de sociedad y se cantaba acompañada de piano en reuniones y tertulias familiares. En artesanías se distinguen las hechas de fibra del maguey, las de cerámica y los santos de la religión católica (López, 2006).

La población en Puerto Rico para el 2000, según el censo, es de tres millones ochocientos ocho mil seiscientas diez (3,808,610). Ésta aumentó en un 9% según la población del 1990. Contamos con una densidad poblacional de 1,112 habitantes por milla cuadrada, colocándonos en uno de los países densamente poblados del mundo. Los censos anteriores clasificaron la población en blancos, con un 60%, mixtos, con un 30% y descendientes africanos, con un 10%. Con este censo se reafirmó el movimiento de la población del campo a la zona urbana (López, 2006).

Cuando se estableció el gobierno norteamericano a principios del siglo XX, las industrias y casas de comercio quisieron trasladar sus prejuicios raciales a nuestro país, empleando en las oficinas solamente a puertorriqueños blancos y de conserjes, mensajeros y servidores a los de piel obscura. Afortunadamente, ese requisito ha ido desapareciendo desde la fundación del Estado Libre Asociado. Actualmente, se mira a la persona por su preparación, competencia, deseo de servir, amor al trabajo e inteligencia (López, 2006).

Se sigue dividiendo a la sociedad por clases para fines de estudio y conveniencia. Una clase no es una casta. En las sociedades divididas por castas sus miembros se resignan a la suya sin esperanza de salir de ella. En la Sociología se dividen las clases en alta, ala inferior, media superior, media, media inferior, baja superior, baja y un sinfín de posibilidades. El gobierno utiliza la división por clases al censar la población para distribuir los fondos del presupuesto. Más o menos se dividen de la siguiente manera:

Desde que Juan Ponce de León llegó a nuestras tierras, hablamos el idioma español y, por ser la última colonia de España, creemos que hablamos el mejor español de Latinoamérica. Nuestra condición de isla ha facilitado conservar nuestro idioma, a pesar de la continua influencia del inglés, idioma con el cual estamos asociados. Dólar es la palabra usada mundialmente, pero nosotros solo hablamos de pesos. Hacemos esfuerzos por no contaminar nuestro idioma, detestamos oír “te llamo pa tras” cuando mejor es “te devuelvo la llamada”, tenemos letreros en las calles y carreteras en español y evitamos anglicismos como parking cuando mejor es decir estacionamiento (López, 2006).

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