viernes, 4 de diciembre de 2009

La Religion y sus componentes

Otra situación que afecta la sociedad es la religión. En la religión Católica Apostólica Romana el Cardenal es el representante del Papa en la comunidad puertorriqueña. Las escuelas parroquiales tienen desde el nivel preescolar hasta superior y existe una reacción positiva a las enseñanzas religiosas. Se discuten doctrinas como el matrimonio, los divorcios, la contracepción, el aborto y la gestación por medios artificiales. La actitud de los católicos a estos tópicos ha creado catolicismo puertorriqueño abierto, que se nota en la vida de la sociedad.

El matrimonio católico. La aspiración de los padres es ver a sus hijas desfilar hacia el altar vestidas de blanco. Estas deben pasa por un período de amonestaciones o los “cursillos pre-matrimoniales”, porque especifica que el buen católico se casa hasta que la muerte los separe. Una vez casados, el sacerdote es quien inscribe el matrimonio en lo civil, pues si no lo hace, la unión celebrada no tiene validez ante Dios ni ante el Estado (López, 2006).

El divorcio. Se considera un mal social y es como una admisión de fracaso. La Iglesia Católica no divorcia y es extremadamente exigente al acceder a anular un matrimonio. Un divorcio es admitir ante la sociedad su incapacidad de resolver sus diferencias o la infidelidad de uno de los cónyuges. Este forma parte de cerca de la mitad de las familias puertorriqueñas. Según el censo del 2000, se reveló que el índice de matrimonios en nuestro país es de 8.5% y el de los divorcios de 4.1% por mil habitantes (López, 2006).

La contracepción. El siglo XX trajo medios anticonceptivos artificiales producto del ingenio humano que promovieron esta enseñanza. Primero fueron los aparatos intrauterinos a los que se opuso la Iglesia. Promovieron el método biorritmo, procedimiento que obliga a los cónyuges abstenerse durante los días de ovulación de cada mes, pues abstenerse es un acto racional natural que no contradice la voluntad de Dios. Después se introdujeron las intervenciones quirúrgicas que incapacitan a la mujer a tener hijos y la vasectomía practicada al hombre. Más tarde, llegaron las píldoras anticonceptivas, los parcos y otros más recientes. La Iglesia ha mantenido su oposición contra todos, pero la marea de nuestros tiempos arrastra al puertorriqueño a evitar los hijos por variadas razones (López, 2006).

El aborto. El Tribunal Supremo de Estados Unidos aprobó el aborto quirúrgico con restricciones mínimas para el 1973. La Iglesia sostiene que la vida empieza al momento de la concepción, mientras que para los Demócratas la vida no empieza con la gestación sino al momento de nacer, dicen que abortar un feto no es matar un ser humano y que la mujer tiene el derecho de escoger si quiere continuar o terminar con su embarazo. En China el aborto se utiliza como medio de controlar la explosión poblacional, siendo un asunto vital en ese país con alto índice de natalidad. Las creencias y los valores de nuestra cultura no nos permiten aprobar leyes como éstas. Sigue siendo un acto muy vergonzoso (López, 2006).

Gestación artificial. Este es el último reto de la fe católica. En el pasado, las parejas que no podían tener hijos se resignaban a vivir sin ellos criando sobrinos o adoptando niños de familiares o por medios legales. Hay clínicas dedicadas a la fertilización de óvulos e implantaciones en el útero. El hombre con bajo contaje de espermatozoides tiene la opción de fertilizar “in vitro” y escoger si su hijo será niño o niña y escoger un sinnúmero de características físicas. También se practica la compra y venta de espermatozoides y óvulos, a lo cual todavía la Iglesia se opone (López, 2006).

Otras religiones cristianas. Cerca de un millón de puertorriqueños pertenecen a grupos cristianos de variadas creencias que practican su fe a su modo y con ritos muy diferentes a los católicos. La influencia de estos grupos se está dejando sentir en la sociedad puertorriqueña debido a que difunden sus creencias diariamente por la radio y televisión. Son insistentes en sus cultos y atraen a mucha gente. Al empezar el siglo XXI, tres estaciones de televisión transmitían en Puerto Rico unas ocho horas de cultos de avivamiento e innumerables estaciones radiales se mantenían en el aire todo el día (López, 2006).

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